Resección, ablación o trasplante para un tumor hepático

Resección, ablación o trasplante: tres tratamientos que no compiten en igualdad de condiciones

Cuando se detecta un tumor en el hígado, es habitual comparar tratamientos como si fueran versiones más o menos agresivas de una misma solución.

No lo son.

La resección extirpa una parte del órgano. La ablación destruye el tumor sin retirarlo físicamente. El trasplante reemplaza todo el hígado. Cada estrategia responde a una combinación diferente de tipo de tumor, función hepática, localización, tamaño y extensión.

Este artículo se centra principalmente en el carcinoma hepatocelular, porque es el escenario en el que las tres opciones pueden formar parte de una misma discusión terapéutica.

Una comparación inicial

Tratamiento Qué hace Cuándo puede plantearse
  Resección   Extirpa el tumor junto con una parte del hígado   Lesión resecable y remanente funcional suficiente
  Ablación   Destruye el tumor mediante calor u otra energía   Tumores pequeños, accesibles y bien localizados
  Trasplante   Sustituye todo el hígado   Pacientes seleccionados con tumor y enfermedad hepática subyacente

Esta tabla orienta, pero no decide. Una lesión de dos centímetros puede estar junto a un vaso o una vía biliar y no ser adecuada para ablación. Un tumor técnicamente resecable puede encontrarse en un hígado con una función insuficiente. Un paciente que cumple criterios oncológicos de trasplante puede presentar una contraindicación general.

Resección: quitar el tumor y conservar el resto del hígado

La resección hepática es una opción cuando puede extirparse la enfermedad con márgenes adecuados y dejar suficiente hígado funcional.

Sus principales ventajas incluyen:

  • Eliminación física de la lesión.
  • Obtención de una pieza completa para anatomía patológica.
  • Posibilidad de conocer márgenes, tipo tumoral y afectación vascular.
  • Conservación del hígado propio.

La decisión no depende únicamente del tamaño. Se valoran la localización, el número de tumores, la hipertensión portal, la función hepática y el volumen futuro.

En pacientes sin cirrosis o con cirrosis compensada muy seleccionada, la resección puede ser el tratamiento principal.

Ablación: destruir la lesión desde dentro

La ablación térmica introduce una aguja dentro o alrededor del tumor y aplica energía para producir una zona de destrucción controlada.

Puede realizarse por vía percutánea, laparoscópica o durante una cirugía abierta.

La eficacia depende de varios factores:

  • Tamaño.
  • Número de lesiones.
  • Visibilidad en ecografía o TAC.
  • Distancia respecto a grandes vasos.
  • Proximidad a conductos biliares.
  • Capacidad para crear un margen de ablación adecuado.

En tumores próximos a vasos grandes, el flujo sanguíneo puede disipar parte del calor. Cerca de la vía biliar, existe riesgo de lesión térmica.

Las guías EASL de 2025 señalan que, en pacientes con cirrosis compensada, un carcinoma hepatocelular solitario de hasta dos centímetros y que no sea candidato a trasplante puede tratarse mediante resección o ablación térmica, sin establecer una preferencia universal entre ambas. La elección debe individualizarse.

Trasplante: tratar el tumor y el hígado enfermo

El trasplante hepático no solo elimina la lesión visible. Sustituye el órgano completo y trata simultáneamente la cirrosis u otra enfermedad hepática irreversible.

Puede ser especialmente relevante cuando:

  • El tumor cumple criterios oncológicos aceptados.
  • La función hepática limita una resección.
  • Existe hipertensión portal.
  • El hígado presenta enfermedad difusa.
  • El riesgo de nuevas lesiones en el órgano restante es alto.

La indicación depende de criterios de selección, disponibilidad de órganos, contraindicaciones y valoración por un equipo de trasplante.

Las guías actualizadas de EASL sobre trasplante hepático destacan la necesidad de integrar las características del tumor, la respuesta a tratamientos puente, la condición del paciente y la organización del sistema de trasplantes.

Tres escenarios que ayudan a entenderlo

Escenario A: tumor pequeño y función hepática conservada

La resección y la ablación pueden ser opciones. Si el tumor está en una zona accesible y puede conseguirse un margen térmico adecuado, la ablación evita una resección. Si está cerca de estructuras sensibles o se necesita una evaluación anatomopatológica completa, la cirugía puede ofrecer ventajas.

Escenario B: lesión resecable en un hígado con cirrosis descompensada

La operación puede resultar técnicamente posible, pero dejar un órgano incapaz de mantener su función.

En un paciente que cumple criterios, el trasplante puede tratar tanto el tumor como la insuficiencia hepática.

Escenario C: varios tumores o enfermedad más extensa

Puede ser necesario combinar tratamientos: embolización, ablación, resección, radioterapia interna u otras terapias locorregionales y sistémicas.

La estrategia puede buscar reducir la enfermedad, controlar su progresión, servir de puente al trasplante o seleccionar a quienes responden mejor.

No todos los tumores hepáticos se tratan igual

Un carcinoma hepatocelular no sigue los mismos criterios que una metástasis de cáncer colorrectal, un colangiocarcinoma o un tumor neuroendocrino metastásico.

En las metástasis, por ejemplo, la resección puede ser posible incluso ante varias lesiones si se consigue eliminar toda la enfermedad y preservar suficiente hígado. El trasplante se reserva para indicaciones muy específicas y protocolos altamente seleccionados.

Antes de comparar tratamientos, debe confirmarse:

  1. Qué tumor es.
  2. Dónde se originó.
  3. Cómo funciona el hígado.
  4. Si existe enfermedad fuera del órgano.
  5. Qué parte puede conservarse.
  6. Qué tratamientos se han administrado.

La mejor opción no es necesariamente la menos invasiva ni la más radical. Es la que ofrece el equilibrio más razonable entre control oncológico, función hepática y riesgo.

Autor

Dr Rubén Ciria Bru

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